Nuestra actitud es primordial, no solo para el deporte, sino para el resto de ámbitos en nuestra vida personal y profesional. La motivación es el motor principal de actitudes positivas de superación.

Cómo Afrontar un Imprevisto

No podemos cambiar los acontecimientos, éstos se presentan de un modo aleatorio y no tenemos ningún control sobre ellos. Lo que sí podemos cambiar es el modo de afrontarlos, influir en el periodo de absorción del impacto negativo. Con las dificultades no podemos pactar, o las vencemos o nos vencen. Una actitud positiva minorará considerablemente las consecuencias perjudiciales en nuestro espacio personal. Pensamientos negativos provocan emociones negativas y por ende, predisposición al abandono o procrastinación.

Proactividad

Es cierto que, dependiendo de nuestra habilidad visionaria y previsora, podremos diseñar una estrategia de actuación que influya en los hechos que se produzcan en un futuro cercano. Estamos hablando de hechos en los que intervienen parámetros (comportamiento de personas y sus ámbitos cercanos) cuyas variables podemos predecir y por tanto controlar dentro de un rango aceptable. En ningún caso hablamos de imprevistos provenientes de factores externos incontrolables.

Consecución de Objetivos del Deporte

Cuando nos proponemos alcanzar una meta deportiva, la motivación es fundamental en el resultado a obtener. Nunca debemos perder de vista el horizonte global de nuestro proyecto, sin embargo, hemos de estructurarlo en etapas cuantificables y por tanto mensurables.

Nuestra motivación será el resultado de un conjunto de variables que exponemos a continuación. El grado de influencia de cada variable en nuestra motivación es diferente en cada persona, aunque a nuestro parecer hay tres que marcan la diferencia: autodisciplina, perseverancia y capacidad de sacrificio.

Situación Actual y Futuros Cambios Previsibles

Conócete a ti misma. Estúdiate y evalúate para saber cuál es tu punto de partida y cuán separada estás de la persona que has de ser para llevar a cabo tu nuevo proyecto. Conociendo y aceptando tu situación real, podrás planificarte y diseñar una estrategia válida para cumplir la hoja de ruta en plazos, es decir, forma física adecuada en cada momento para ir subiendo de nivel.

Conocer nuestros límites

Saber lo que podemos dar de nosotras mismas y, sobre todo, entender el porqué de nuestras limitaciones. Es necesario respetarlas y darles la importancia que merecen. Por ejemplo, imaginemos una persona con sobrepeso y que tenga hábitos como: dulces, comida basura, sedentarismo, fumar, beber y dependencia extrema del coche. Es importante que entienda que dichos hábitos son adicciones en mayor o menor grado. Tendrá que comprender por qué suceden para poder ir deshaciéndose de ellos. Del respeto y entendimiento de nuestras adicciones surge la comprensión de nuestras limitaciones y, por tanto, la medición de fuerza de voluntad necesaria para dejarlas atrás.

Superación personal

Nuestra fuerza de voluntad nos permitirá doblegar las limitaciones un poco más cada día. Continuando con nuestro ejemplo del párrafo anterior, una vez entendidas las adicciones, será consciente de que su sedentarismo puede superarlo introduciendo en su vida una amistad, una relación o una mascota. Saldrá a pasear todos los días o varios días a la semana, bien por devoción o por obligación. Sin embargo, también será consciente de que su adicción al tabaco no la superará fumando un cigarrillo menos cada día. Habrá días que por circunstancias externas volverá a fumar más, estropeando lo avanzado en días anteriores.

Queremos decir con esto que, si es plenamente consciente de lo que significa su adicción al tabaco, habrá comprendido que el único modo de dejarlo es no volver a llevar un cigarrillo a su boca. Por tanto y, como hemos dicho al final del párrafo anterior (limitaciones): del respeto y entendimiento de nuestras adicciones surge la comprensión de nuestras limitaciones y valoración de fuerza de voluntad necesaria para dejarlas atrás.

Sacrificio. Capacidad de Soportarlo.

En consonancia con el apartado anterior, el único modo de superarse es mediante el esfuerzo y sacrificio personal, entendido como capacidad de sufrimiento en pos de nuestra meta. La voluntad condiciona nuestro sacrificio, pero de un modo puntual. Hoy podemos tener la fuerza de voluntad necesaria para prepararnos una comida saludable, o no probar ni un solo dulce. Mañana tal vez no la tengamos. La voluntad se afianza con la variable, autodisciplina. El sacrificio no solo consiste en soportar el sufrimiento para conseguir hacer un abdominal más, sino en desechar conductas, hábitos y adicciones en beneficio propio o de una comunidad de personas.

Según vayamos consiguiendo objetivos, habremos ido modificando nuestra conducta, es decir, habremos conseguido integrar hábitos saludables como parte de la normalidad, en sustitución de los hábitos insanos. Por tanto, lo que antes era sacrificio ha pasado a convertirse en normal, no requiriendo fuerza de voluntad por nuestra parte. Volviendo a nuestro ejemplo, ya no será un sacrificio no comer dulces ni comida basura, pasando a ser agradable una ensalada. Tampoco será un sacrificio dedicar tiempo a cocinar platos sanos y variados.

Autodisciplina

Quizás sea, junto con la siguiente, la variable que marca la diferencia con respecto al resto. Es la habilidad para realizar una tarea, sea cual sea nuestro estado emocional, es decir, ponerte a funcionar independientemente de tus ganas. Tengo que hacer algo y he de hacerlo ahora. Sencillamente me levanto y lo hago. La autodisciplina no tiene nada que ver con ser dura consigo misma, sino con el autocontrol y fortaleza interna. Controlar acciones y reacciones, incluyendo la ausencia de euforia por logros paulatinos conseguidos, debido a que nuestras miras están en un objetivo final mucho más grande y significativo. Nuestra alegría ha de ser comedida en nuestras consecuciones y ávida de nuevos logros.

La autodisciplina nos ayudará a superar adicciones, incorporar hábitos saludables a nuestras vidas y finalizar proyectos. La diferencia entre el éxito y el fracaso reside en la perseverancia en la consecución de objetivos y constante avance a pesar de los inconvenientes o imprevistos.

Perseverancia

Inherente a la autodisciplina. Sin la una no existe la otra. Nuestro grado de tolerancia al fracaso, la insistencia en intentarlo de nuevo, son factores que harán que abandonemos a mitad del camino o lleguemos hasta el final. Perseverancia y autodisciplina se retroalimentan mutuamente, y ambas contribuyen a mejorar nuestra autoestima.

Planificación y Habilidad para Priorizar

Nuestras acciones no son hechos aislados inconexos, sino que se interaccionan y concatenan en el tiempo con otra serie de acciones, todas ellas necesarias para la consecución de algún objetivo. Dejar de realizar acciones necesarias no significa que desaparezcan, es decir, las tendremos que realizar en el futuro, ya que impedirán la realización de nuevas acciones. Esto significa que deberemos abandonar lo que estamos haciendo para volver atrás, realizar lo que no habíamos hecho y así poder retomar lo que estábamos haciendo, o sea avanzar. Conclusión, pérdida de tiempo y de concentración en nuestro trabajo. Retraso y frustración.

Nuestro éxito en la consecución del objetivo dependerá de nuestra habilidad para clasificar y ordenar dichas acciones. Si variamos el orden, cambiaremos el resultado. En el plano deportivo sucede lo mismo. Dejar de realizar acciones nos descartará para conseguir resultados, a su vez necesarios para emprender nuevas acciones. Es importante ponerse en manos de un buen profesional que nos marque orden, intensidad y cadencia en nuestros ejercicios, así como la duración de las distintas fases a seguir.